Ramón Ayala: cosechero de su trayecto

La histórica Santa Ana fue epicentro, el domingo por la noche, de un importante homenaje: la celebración del 93° aniversario del natalicio del gran Ramón Ayala.
Allí, el poeta y músico, embajador de su tierra roja, cerró con broche de oro la Semana de Ramón Ayala, 93 años de luz, un ciclo de actividades que comenzó el pasado martes, día de su cumpleaños, para homenajear al notable artista por su vasta trayectoria y su aporte a la cultura misionera.

En ese sentido, la declaración de emergencia sanitaria y epidemiológica por brote de dengue y riesgo de coronavirus aplazó un poco los festejos. Sobre todo el que debió llevarse a cabo en la Peña Misionero y Guaraní, en la que Ramón compartiría con sus más fieles seguidores de una cena inolvidable. Pero, a pesar de que algunas de las actividades planeadas no pudieron desarrollarse por cuestiones de restricción sanitaria, la noche del domingo cerró una semana emotiva y repleta de agasajos para el querido Ramón.

Así, entre anécdotas y reencuentros, el Mensú Misionero celebró sus 93 años en el pueblo que abrazó su infancia. Porque Santa Ana, según él mismo recuerda, lo conectó por primera vez con la música. “Siendo niño, Ramoncito escapó al monte, con la guitarra de su primo. Y, al llegar a casa, recibió una paliza de aquellas, por tocar cosas ajenas”. Pese a que ese primer contacto con la música no fue muy cálido, Ramón descubrió allí que el amor por la poesía y la música serían su más importante legado.

En cuanto a la ceremonia, comenzó a la tardecita, en una vivienda que perteneciera al fotógrafo Julio Wolheim, tío del Mensú, la misma casa en la que vivió gran parte de su infancia.

Al llegar, junto a una extensa comitiva, con visible emoción, el artista homenajeado recorrió la vivienda y se sentó en aquel patio en el cual sus sueños de cantor se echaron a volar.
Fue en ese momento, cuando el intendente Pablo Castro, junto al presidente del Honorable Concejo Deliberante de Santa Ana, Leonardo Acosta, le hicieron entrega de una copia de la ordenanza que lo declara Ciudadano Ilustre y Huésped de Honor de Santa Ana.

En la casa además, tuvo lugar otro gran momento de la tarde, cuando el jovencito Matías Krieger, prodigioso cantor local, le obsequió a Ramón fragmentos a capella de El Mensú y Cosechero.

La actividad prosiguió con una caravana a través de un conjunto de sitios históricos de la localidad, el almacén de ramos generales, la casa de reuniones masonas y la Biblioteca Popular de más de 100 años, fueron algunos de los 35 edificios que recorrieron, espacios que hoy constituyen patrimonio arquitectónico histórico del pueblo. Los mismos que la organización Santa Ana Viva busca poner en valor.

La caravana finalizó en la casa de la familia López, amigos íntimos del Mensú. Allí, tuvo lugar una merienda que propició el homenaje que el conjunto Los Prieto, oriundo del pueblo de Loreto, entregaron a Ramón para deleite de toda la concurrencia.
“He pasado nuevamente un momento muy grato que atesoraré por siempre en mi corazón”, esbozó el bastión de la cultura litoraleña, agradecido por tanto cariño, celebrando un nuevo cumpleaños en la tierra que lo vio crecer y que tanto ama.